Conmoción por fallo en caso de Casey Anthony

Miami. El veredicto pasó como un rugido por la muchedumbre silenciosa.

Inocente de asesinato de primer grado. Inocente de abuso infantil con agravantes. Inocente de homicidio involuntario.

Y entonces, con un suspiro colectivo, la reacción: “Dios mío, Dios, mío”.

Para los que esperaban fuera del juzgado de Orlando por el veredicto del caso de Casey Anthony después de seis semanas de testimonios, 11 horas de deliberaciones y tres años de incansable atención por parte de los medios de prensa, la noticia de que el jurado había absuelto a la madre de 25 años de todos los cargos excepto los menores de mentir a la policía, los dejó perplejos y estupefactos, airados y con lágrimas en los ojos. Incluso con los cuatro cargos de conducta impropia de los que fue hallada culpable, Anthony podría ser puesta en libertad el mismo jueves.

“Caylee murió en vano. Esa pobre bebé inocente fue asesinada y tratada como si fuera basura”, dijo Lanai Yelverton, secándose las lágrimas. Yelterton, una madre de Chattanooga, Tennessee, y su esposo renunciaron a sus planes de pasar las vacaciones en Disney para esperar el veredicto frente al tribunal. “No hay justicia en la actualidad en nuestro sistema”.

Las emociones eran fuertes en esos primeros momentos, mientras la muchedumbre, armada de teléfonos celulares, cámaras de fotos y video, se agitó alrededor del tribunal. Algunos lloraron. Algunos maldijeron. Personas desconocidas se abrazaron unas a otras, debilitadas por la decisión. Hubo estallidos de ira, especialmente cuando la absolución de Anthony atrajo comparaciones con el juicio de asesinato de OJ Simpson hace más de 15 años. Algunos empezaron a entonar, frustrados: “Queremos justicia… Justicia para Caylee”.

En la esquina más alejada de la rotonda, Keettely Cooper se aferró a la medalla de la Virgen María que le colgaba del cuello y se apoyó en las columnas de granito del juzgado. Cubrió con sus manos los ojos llenos de lágrimas. “¿Cómo pudieron, cómo pudieron…?”

“Yo siento como si Caylee no hubiera sido simplemente la bebé de Casey, ella llegó a ser nuestra bebé”, dice Cooper, de 45 años, vecina de Orlando, quien había esperado el veredicto junto a las puertas desde temprano en la mañana. “No hago más que pensar en mis dos hijos, y no puedo imaginarme haciéndoles daño”.

Cientos de personas vinieron de lugares tan lejanos como Alemania para ser parte de un momento público, una decisión de vida o muerte para una madre de Orlando acusada de matar a su propia hija para dedicarse a una vida de fiestas y clubes nocturnos. Para muchos de los que se reunieron en el calor del verano, la decisión equivalió a un terrible aborto de la justicia. Para otros -una minoría, al menos en la muchedumbre junto al juzgado- la absolución fue la prueba de lo que ellos siempre habían creído. Casey Anthony no pudo haber matado a su hija. E incluso si lo hubiera hecho, la fiscalía fracasó en probarlo.

“El estado no pudo probar su caso. Hay que ir más allá del drama y de las mentiras”, dijo Sherri Jaques, quien fuera maestra de Inglés de Anthony en séptimo grado. “Que ella haya mentido no quiere decir que ella asesinara a su hija”.

Frank Giannazzo, con un traje gris y el cabello recogido en la nuca, se atrevió a dar su impopular opinión en medio del caos de la escena: inocente.

“Si se saca toda la emoción de esto, lo que queda es un caso en el que no hay prueba alguna que la vincule a ella con la muerte de Caylee’’, dijo Giannazzo, quien vive cerca de Orlando y se apresuró allí para escuchar el veredicto. “El estado ni siquiera sabe cómo ella murió”.

Anthony fue acusada de la muerte de su hija de dos años, Caylee Marie Anthony, acusada de asfixiarla con cinta adhesiva tres veranos atrás. Desde el principio, la fiscalía la describió como una madre narcisista y reacia. La defensa de Anthony afirmaba que Caylee murió por accidente en la piscina de la familia.

El caso atrajo intensa atención desde un inicio, atizada por una incesante cobertura de prensa y los ecos incesantes de la disfunción familiar y las acusaciones mutuas en el clan de Anthony. Los asientos en el juzgado durante el juicio se volvieron tan codiciados que la gente esperaba en fila desde las 4 a.m. para conseguir un lugar. Los visitantes lo convirtieron en una atracción turística: un día en Universal Studios o en Disney, seguido por una visita al juzgado.

Algunos condujeron las 10 millas desde el downtown de Orlando para ver la casa de la familia Anthony en Hopesprings Drive, un edificio de un solo piso pintado de un rosa suave, o el bosque cercano donde se encontraron los restos de Caylee en el 2008. El lugar se ha convertido en una especie de memorial improvisado en que los visitantes dejan animales de peluche, ramos de flores y banderas estadounidenses. El martes por la noche, mientras se reunía un grupo de personas, un hombre hacía guardia en una acera cercana con un cartel: “Al final, Caylee sigue muerta”.

En Casey Town, la aldea de medios de prensa que creció frente al juzgado, la disección de la noticia empezó aun antes de que se desbandara el jurado. Con helicópteros sobre sus cabezas, presentadores y camarógrafos de televisión se lanzaron frente a la muchedumbre en busca de tiros de cámara en vivo, enfocándose en los más llorosos o los que más hablaban. Una mujer se desmayó. Nancy Grace, personalidad del canal televisivo HLN que tuvo que ver con gran parte de la cobertura y bautizó a Anthony “mamá bebé”, estaba estupefacta, diciendo “en algún lugar, el diablo está de fiesta esta noche”.

Los mundos centrados en el momento de Facebook y Twitter fueron sacudidos por la indignación segundos después del veredicto. Las celebridades dieron su opinión en Twitter, desde Kim Kardashian y Carson Daly hasta Roseanne Barr y Ricki Lake.

Más de una hora después del veredicto, muchos esperaban cerca del tribunal con la esperanza de echar un vistazo a los equipos de abogados y a los padres de Anthony. La policía, a caballo y a pie, en el juzgado y frente a la casa de los Anthony en el este del condado Orange, pidieron a la gente que no se lanzaran a la calle. El abogado de la familia, Anthony Mark Lippman, admitió que George y Cindy Anthony están escondidos tras haber recibido amenazas de muerte. La familia publicó una declaración calificando el veredicto de “justo” y diciendo que tenían la esperanza de reconstruir sus vidas en privado.

Pero para muchos que habían venido a ver el castigo de Anthony, su absolución los dejó con un sentimiento de justicia denegada. Michelle Bolduc Mesa voló nueve horas desde Frankfurt, Alemania, para estar en el juzgado durante el último capítulo.

“Yo estaba trabajando en el Hollywood Mall cuando secuestraron a Adam Walsh. Me dejó una impresión tan fuerte que desde entonces me he sentido atraída por los casos de niños desaparecidos, que fue como comenzó el caso de Caylee’, dijo Mesa, enfermera retirada de la Marina de Guerra, quien se crió en Fort Lauderdale.

Ha estado en Orlando desde el 23 de junio y pasó un día en el tribunal asistiendo al juicio. En su hogar de Schweinfurt, Alemania, lo miraba en YouTube. “He estado siguiendo el caso desde el principio mismo, así que yo sabía que quería estar aquí para el veredicto’’.

Al final, el veredicto produjo aún más preguntas.

“La gente está tratando de encontrar la solución de un misterio. ¿Quién es Casey Anthony?’’, dijo el profesor de Leyes de la Universidad de Miami Donald Jones, quien ha estado siguiendo el caso y enseña Leyes Constitucionales. “Los ojos nos dicen que es una mujer dulce e inocente. La mente, la evidencia nos dice que ella asesinó a su hija, la metió en un carro y se fue a fiestear. ¿Se trata de una madre o de un monstruo? ¿Puede que sea ambas cosas? Muchas personas quieren participar personalmente en el juicio de Casey Anthony”.

Pero en las horas después del veredicto, a medida que la multitud y los medios de prensa se fueron retirando, un hombre recordó la verdadera tragedia: la muerte de una niña pequeña.

Se paró frente al tribunal con una trompa, tocando las tristes notas de Amazing Grace.

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Acerca de Elperiodista

Un periodista FreeLance en busca de la verdad en Miami. La corrupción en esta ciudad no puede superarnos. Hemos vivido momentos terribles con los brazos cruzados y el silencio como justificación. Mi querida Miami, capital de todos los latinos, alza tu voz.

Publicado el julio 6, 2011 en Sociedad. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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