El cash es lo que cuenta en la industria del juego

Daniel Shoer Roth

Las relaciones entre la industria de los juegos de azar en la Florida y las autoridades estatales y locales han seguido el grito de batalla de un viejo comercial que intoxicó por mucho tiempo las ondas radiales de Miami.

“Aquí lo que cuenta es el cash”, advertía el famoso anuncio publicitario.

El lema de esa propaganda explica por qué, pese a que en la Florida no existe un cuerpo de leyes invariables que norme la industria del juego, sí hay negocios con permisos legales para comercializar las apuestas.

Las leyes del juego son tan abstractas que perspicaces abogados, cabilderos y grupos de interés que contribuyen en grande a las campañas políticas, han explotado lagunas legales para conseguir estos permisos que abarcan una plétora de juegos, desde carreras de caballos y frontones, hasta póker y máquinas tragamonedas. Es un círculo vicioso y no hay marcha atrás.

Por otro lado, Tallahassee cometió la gravísima falla el año pasado de favorecer a la Tribu Seminole al concederle una licencia exclusiva para operar tragamonedas al estilo Las Vegas y juegos de mesa como blackjack y baccarat en el sur de la Florida, a cambio de $1,000 millones en un plazo de cinco años. La Legislatura deliberadamente creó un monopolio.

Ante este barullo, y considerando que vivimos en un sistema capitalista, pareciera inevitable el advenimiento de los colosales casinos tipo resort a nuestra comunidad, la cual sin duda sufrirá demoledoras consecuencias sociales y económicas.

Los dos legisladores republicanos detrás del proyecto de ley que, de ser aprobado el año próximo, daría luz verde a la construcción de tres casinos estilo Las Vegas en Miami-Dade y Broward, se escudan con estos argumentos para promover su propuesta. Desafortunadamente, desde el punto de vista de libre mercado, tienen razón.

Como parte del proyecto, la senadora estatal Ellyn Bogdanoff y el representante Erik Fresen astutamente han incluido una provisión para crear una comisión que supervisaría la industria del juego. De esta manera, el revoltijo de leyes obsoletas que los grupos de interés han burlado con el respaldo del cash sería reemplazado por normas claras y uniformes que prevendrían el favoritismo.

Es una pena que hayan amarrado la creación de este panel a la aprobación de los resort casinos; hábil estrategia para manipular su planteamiento.

La semana pasada, participé una reunión con ambos legisladores quienes insistieron en que la competencia era necesaria para desmantelar el monopolio de los seminoles. A su parecer, el Hard Rock Hotel & Casino en Hollywood ya es un resort casino.

Según la propuesta, a cada una de las tres corporaciones que reciban las licencias se le exigirá una inversión de por lo menos $2,000 millones y, a cambio, su tasa fiscal será de apenas 10 por ciento, muy inferior a la que pagan los llamados “racinos”, las pistas de carreras o frontones con casinos. Los cabilderos de estos negocios, no satisfechos con haber aprovechado las lagunas legales para expandir la industria del juego, ya empezaron a exigir las mismas ventajas tributarias.

Todo esto se convertirá en un juego de niños. Y el Estado, como una madre, querrá complacerlos a todos, en detrimento de la calidad de vida de la población.

Quienes todavía duden que el cash manda en los asuntos del juego, deben fijarse en el anzuelo que está apunto de enganchar a la Ciudad de Miami Beach. Las autoridades del municipio balneario afirman que se oponen a los casinos, en teoría. Pero en la práctica, les hace falta más de $600 millones para dar una nueva cara a su avejentado Centro de Convenciones.

No existen fuentes de financiamiento público ni en el Condado Miami-Dade ni en el Estado de la Florida para avalar un proyecto de esta escala. Para mantener su competitividad, la Playa tiene otra opción: vender el alma.

Las Vegas Sands Corp., propietaria de lujosos casinos resort como The Venetian y The Pallazzo, ha discutido con la Ciudad erigir un complejo hotelero similar que conllevaría demoler el histórico Teatro Jackie Gleason. La gigantesca obra incluiría un espacio de 1.5 millón de pies cuadrados para convenciones, tres veces más que el centro actual.

Si la Legislatura aprueba la ley, The Sands solicitará una de las tres licencias. Para entonces Miami Beach deberá haber decidido si está a favor de los casinos, pese a la ferviente oposición de los vecinos. De lo contrario, la corporación de Las Vegas también tiene su ojo puesto en el downtown de Miami, donde podrían llegar a edificarse dos resort casinos, ya que Genting, la multinacional asiática que adquirió la sede del icónico edificio de The Miami Herald, tiene planeado construir ahí el casino más grande del mundo si recibe autorización del estado.

Hagamos nuestras apuestas: ¿Se escuchará el viejo comercial radial entre el ruido de las olas?

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Acerca de Elperiodista

Un periodista FreeLance en busca de la verdad en Miami. La corrupción en esta ciudad no puede superarnos. Hemos vivido momentos terribles con los brazos cruzados y el silencio como justificación. Mi querida Miami, capital de todos los latinos, alza tu voz.

Publicado el diciembre 8, 2011 en Política. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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